Kilómetro Cero, Las batallas en el desierto I

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“En los recreos comíamos tortas de nata que no se volverán a ver jamás. Jugábamos en dos bandos: árabes y judíos. Acababa de establecerse Israel y había guerra con la liga árabe. Los niños que de verdad eran árabes y judíos sólo se hablaban para insultarse y pelear. Bernardo Mondragón, nuestro profesor, les decía: Ustedes nacieron aquí. Son tan mexicanos como sus compañeros. No hereden el odio”[1] La ciudad cambia más que nuestro rostro, pero en ambos casos lo esencial permanece, también en el mundo.

José Emilio Pacheco y la Colonia Roma son ahora símbolo de nostalgia y progreso, pero sobre todo de la crónica hecha historia o viceversa. Tuve el honor de conocer al escritor en un evento periodístico al cual asistí como invitado de un amigo fotógrafo. Sencillo, regordete y simpático, se conmovió de que no supiera quién era él. Salimos un par de ocasiones y me contaba su vida, hasta que un día le dije:

-un momento, esto yo ya lo he oído antes

-no, más bien lo has leído

-Claro, ¡no!, ¡es usted! (la sonrisa que se dibujó en su rostro era proporcional a la descomposición que causaba el asombro en mi cara)Batallas en el desierto

Desde entonces nos vimos un par de veces más y luego murió, le gustaba mi poesía. Los hechos son más nostálgicos aún pues mi madre es oriunda de la misma colonia que el escritor, igual que mi mejor amigo y mi novio. He visto crecer la ciudad por relatos de mi madre, por la obra de José Emilio Pacheco, pero también he visto como partes del mundo, del país y de la humanidad se desgajan.

La colonia Roma es un centro indispensable para entender el mundo. Ahí se planeó la revolución de cuba por Ernesto Che Guevara, aquí se dieron cita los refugiados españoles, aquí también recordamos lo absurdo de la guerra en un patio novelesco, construido por una pluma maestra.

Este sigue siendo el mundo que ya no volverá a ser.

De orígenes porfirianos, el barrio ha sufrido revueltas, esplendores, terremotos, capitalismos y veranos. Cuna de ingenios, desde El vampiro de la Colonia Roma de Zapata, hasta traidores como el padre Agustín Pro, acusado de planear el atentado contra Obregón, aquí yacen sus restos. Castro y Vasconcelos, López Velarde y Pita Amor, carnaval de Kerouac y Burroughs , Postal de Edward Weston y telón de Ludwik Margules. Colonia de historia tras la tinta donde Del Paso habita, como habitó Fuentes y el activismo de Tina Modotti. En sus calles, cuenta mi madre, paseaban los vendedores de guajolotes negros y pintos para navidad. La calle Durango vio nacer al amor de mi vida. Pienso en lo absurdo de la barbarie que operan en Medio Oriente y extraño el vino y los juegos de niños que José Emilio me contaba siempre tan cándido.plaza-rio-janeiro-1

La Coca Cola, los rascacielos, el progreso y el declive, la memoria y el olvido, crónicas y folios empolillados por las nuevas generaciones… Hay esperanza, los mexicanos leen más libros, olvidan menos. Deberíamos estar en contra de todo lo que atente contra lo humano. Esta divagación es el Kilómetro cero por definición, pues sabiendo todo, no me atrevo a opinar nada.

Alguien me contó que la colonia fue fundada por un circo ambulante, y por eso todas las calles tienen nombres de estados, pues en el fraccionamiento se rescató la memoria de este circo, no sé si sea cierto, pero me parece poético, después de todo la historia cuenta las cosas como fueron y la poesía (el arte) como debieron haber sido, aunque raye en el preciosismo histórico, me parece bello.Colonia Roma.jpg

Mi madre se fue a vivir a Tlalnepantla donde conoció a mi padre, se casaron y se fueron a vivir a Atizapán de Zaragoza. Me alegra que hayan abandonado todo por el amor, yo nací en Tlalnenpantla y escribo esto desde Azcapotzalco.

“No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Nunca sabré si vive Mariana. Si hoy viviera tendría ya ochenta años.”[2]

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[1] Pacheco, José Emilio, Las batallas en el desierto, Los desastres de la guerra

[2] Final de la novela: Las batallas en el desierto

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